Por Lucrecia Guerra

Psicóloga y sexóloga

Lo personal es político, dijo Simone De Beauvoir, y nos despertó a la realidad de que lo que pasa en los hogares, en las habitaciones, en las camas, es político. Es decir, es social, porque somos seres sociales.
Política entendida como las posturas ante la vida que obedecen, desconocen o resisten al orden prestablecido, a los discursos que construyen tramas con normas y reglas de juego, que deciden lo prohibido y lo permitido, como dijo Michel Foucault.

La sexualidad no es genitalidad y 'garche': es mucho más. Es todo lo que somos, sentimos, pensamos y hacemos. Es, en sí misma, política. Por lo tanto, es una ilusión pensar que podemos dejarla de la puerta para afuera del cuarto. Todo lo que hacemos, y también lo que no nos animamos a hacer o decir en la cama (o donde pinte), responde al bagaje de aprendizajes que arrastramos sin cuestionar a lo largo de nuestra vida. Los mitos, tabúes, falacias, equívocos, silencios, son parte de nuestra educación sexual no formal, no integral, no científica. Cuanto más consevadora sea la ideología en que son socializadas las personas, tendrán menos libertades de repensar, explorar, experimentar y expresar, sin culpas, sus sexualidades.

Desaprender, deconstruir en busca del bienestar, individual y colectivo, es una decisión política necesaria. Lo es para cada una de las personas que llegan a mi consultorio o a mis redes con preguntas y ganas de ver pensar-se fuera de la caja.
El goce no es peronista (que, a propósito, también tiene sus vertientes conservadoras). El placer es patrimonio de la humanidad. Es un derecho humano y sexual fundamental, para quien lo quiera experimentar. Porque, aclaro, no todas las personas tienen interés en el sexo como actividad.

Por eso es importantísimo democratizar la sexualidad, y la ciencia, para hacerlas realmente accesibles para todas las personas por igual, desde que nacen hasta que mueren. Esto también es una decisión política, una responsabilidad social, colectiva, y la base de todo cambio cultural.